
“¡Papá, vení por favor! “. Esas fueron las únicas palabras que pude decir hace casi un año atrás. Después me quebré y tuve que cortar. Fue un martes de agosto, hacía mucho frío y ese día no soporté más. ¡Sentí explotar! Mi nombre es Rocio, tengo 17 años y aunque vuelvo el tiempo atrás y trato de recordar cómo empezó todo, no logro entender por qué las cosas tuvieron que ser así. Melisa era mi mejor amiga. Nos conocíamos desde chiquitas. Íbamos a todos lados juntas. Andábamos en bici, pasábamos los sábados en el club, ella venia a ver pelis a casa, yo me quedaba tardes enteras en la suya. Nos contábamos todo: miedos, dudas, sueños Hablábamos durante horas de chicos, de ropa, de todo. ¡Hasta nuestros padres eran amigos! Tan importante era nuestra amistad que su familia suspendió un viaje para que ella pudiese estar en mi fiesta de 15.Pero todo cambió cuando volvimos de las vacaciones de verano pasado. Yo había estado en el sur y ella en la costa. Empezaron las clases y noté que ella estaba distinta. Me dejaba de lado, se juntaba con otras chicas, me llegaban rumores de que ella decía mentiras sobre mí, ya no quería venir a mi casa y apenas me hablaba en los recreos.Yo estaba muy angustiada, me sentía sola y no entendía por qué me estaba haciendo esto. Para colmo, las cosas fueron empeorando cada semana, en especial cuando su indiferencia se convirtió en maltrato. Se burlaba de mi delante de toda la clase, me escondía la cartuchera, la mochila, el celular. Con el tiempo empezó a insultarme, me tiraba los libros en la cara, me abría la puerta cuando estaba en el baño y me dejaba al descubierto para que todos se rieran de mi. De a poco esta agresión se volvió grupal. Ya no era solo ella, sino que varias compañeras le seguían el juego y las que no, se limitaban a mirar o irse a otro lado porque no se animaban a hacer algo al respecto. Lo peor fue cuando empezaron a tirarme del pelo y a hacer rondas alrededor mío para golpearme. ¡Me decían que no les gustaba mi cara!, que me hacia la linda, la cheta, pero que en verdad no valía nada.
Me sentía horrible y ya no sabia que excusas inventarles a mis padres para no ir al colegio. Fingí dolores de cabeza, de estomago, hasta me di duchas de agua helada para enfermarme y no tener que afrontar ese sufrimiento.Quería hablar con mi familia pero no me animaba. Sentía que si eso me estaba sucediendo era porque yo tenia la culpa. Tal vez no había sido tan buena amiga y ellos tenían un motivo para hacerme esas cosas. ¡Llegue a pensar que me merecía todo lo que estaba pasando! Mamá me veía llorar y siempre le inventaba algo nuevo, no lograba contarle la verdad. Escondía los moretones que me dejaban los ataques, me encerraba en mi cuarto horas, no quería salir ni ver a nadie. Mis notas bajaron. Yo, que era una chica feliz, alegre y ¡abanderada! Este año tenia que sacar cuentas para lograr aprobar una materia. ¡Hasta tuve que ir a clases particulares para salvar este año!Mi vida se volvió un martirio, lloraba a escondidas, no podía dormir bien, comía poco o me daban ataques de ansiedad y comía todo. Pero un día toque fondo, ese martes de agosto no lo soporte mas. En el primer recreo me acorralaron en el salón y me empezaron a insultar y a escupir. No se como hice pero junte fuerzas, Salí corriendo a la dirección y pedí para hacer una llamada.
Papá llegó enseguida y sin parar de llorar le conté todo lo que venia soportando.El me abrazo fuerte, me subió a un taxi y nos fuimos a un hospital donde me encontraron machucones en todo el cuerpo y el informe psicológico decía que tenia Depresión severa y crisis de angustia por el hostigamiento. A partir de ese día para mis padres todo comenzó a tener sentido, comprendieron mis cambios físicos y emocionales y todo quedo resumido en una palabra: ACOSO.
Hoy ya pasaron varios meses desde aquel día y gracias a el apoyo de mi familia y de muchas compañeras que se acercaron a mi y me pidieron perdón por su silencio, siento que de a poco vuelvo a sonreír. Este es mi ultimo año de colegio y tengo todas ,las intenciones de disfrutarlo lo mas que pueda. Si bien aun conservo algunos de esos tristes recuerdos, quiero mirar hacia delante.Todo sirve de aprendizaje, ahora se que tengo una familia en la que puedo confiar, ya no les oculto lo que me pasa y también descubrí increíbles compañeras que día a día me demuestran que son ¡verdaderas amigas!
u.u







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